25 de octubre de 2017

Ante la pretensión de Donald Trump para modificar la regla de origen de la industria textil en Norteamérica, la industria mexicana de la cadena fibra-textil-confección realizará un análisis para identificar posibles áreas de oportunidad que sustituyan importaciones, además de potenciales inversiones que complementen sus insumos, informó Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

El dirigente empresarial dijo que este planteamiento forma parte de la estrategia que prepara México rumbo a la quinta ronda de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En entrevista, Castañón comentó que se busca una política industrial que resulte de fomento para inversiones en la región de Norteamérica que permita sustituir hilos o telas que se importan de otros países fuera del TLCAN, como los asiáticos.

El TLCAN permitió cupos de importación de insumos asiáticos que no existen en la región para proveer a la cadena textil, tales como sedas o rayón; sin embargo, el gobierno estadounidense puso en la mesa cancelar esas compras y fabricar desde la región para abastecer a la industria.

Trump busca modificar las reglas de origen del ramo textil-confección para no permitir la incorporación de insumos de otras regiones, aunque esto pondría en riesgo al sector de la región porque resultaría muy costoso producir hilados de otras regiones del mundo.

El presidente del CCE explicó que sería imposible dejar de importar seda en este momento, porque la región se abastece netamente de Oriente, por tanto, se busca “una política de sustitución o argumento suficientemente sustentado para modificar las propuestas que ha hecho EU sobre ello”.

De acuerdo con lo establecido con el equipo negociador mexicano encabezado por Ildefonso Guajardo, “nuestra posición (del sector privado) es dar respuesta a las preocupaciones y propuestas estadounidenses, sin perder la unidad en el sector. Porque ningún sector podrá ser moneda de cambio en una negociación para el beneficio de otro sector”.

Fuente: Lila González / El Economista

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